La incorporación del padre a la díada madre-hijo en el período de internación

Tanto la maternidad como la paternidad son procesos complementarios que se desenvuelven dentro de una estructura cultural y familiar existentes.

En el mejor de los casos el esposo actúa como soporte emocional de la madre, tanto durante el embarazo como en el período posterior al nacimiento del bebé, considerando que la madre, para ofrecer un buen sostenimiento a su bebé necesita ella misma estar adecuadamente acompañada por su pareja.

Por otro lado, una vez producido el nacimiento,  el ingreso de los padres a la sala de cuidados intensivos del bebé debido a la permanencia de los prematuros durante tiempos prolongados en dichas salas y las frecuentes visitas de sus padres son situaciones que produjeron un fuerte impacto en el compromiso paternal.

Fundación Nuevo Hospital y su Casa Lubetkin como integrantes de la comisión de Maternidades Seguras y Centradas en la Familia del Hospital de San Antonio de Padua, promueven la inclusión del padre en el acompañamiento de la madre y  el bebé en el periodo de internación lo que justifica la atención de este nuevo paradigma, que tiene como objetivo principal la humanización de las practicas  asistenciales dirigidas al recién nacido y a su familia.

Tanto el papá como la mamá tienen ingreso irrestricto en la internación facilitando la visita de los hermanos y abuelos del recién nacido internado. Asimismo se promueve el contacto piel a piel y la lactancia materna.

El contacto temprano entre el padre y el bebé, en la sala de partos o en los momentos inmediatamente posteriores al mismo tambiénes de mucha importancia para el desarrollo psíquico y emocional del niño. El contacto extenso, que consiste en las posibilidades que tiene el padre de interactuar con el niño incrementa y facilita el amor paternal.

Durante el primer año, los comportamientos de apego no varían significativamente entre la madre y el padre. Pero, los niños se relacionan con ambos padres en forma diferente. Para lograr protección, ellos buscan primero a la madre que al padre. Pero en situaciones tranquilas, desde los 13 meses en adelante, se apegan a ambos padres indistintamente. Es así que la madre y el padre se complementan y posibilitan mayores efectos en la socialización y desarrollo del niño.

Los primeros momentos de vida la interacción mamá-bebé-papá es eminentemente no verbal, predominando lo gestual, lo postural, el contacto piel a piel. Los padres deben ser capaces de decodificar el gesto espontáneo de su hijo, estando atentos y posibilitando otras formas de diálogo y juego creativo.

Desde Fundación Nuevo Hospital y su Casa Lubetkin trabajamos para generar que tanto las madres como los padres  y sus bebés  superen las barreras que imponen la incubadora y los elementos técnicos necesarios para la supervivencia, propiciando intercambios emocionales y posibilitando la construcción de un vínculo afectivo entre ellos.